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El estrés en nuestros niños y niñas

Por Paulina Cáceres Neira, psicóloga.



Me gustaría partir aludiendo a lo que significa la palabra “estrés”. Amanda Céspedes nos explica que las condiciones ambientales no se mantienen pasivas, estables y estáticas a través del tiempo, sino que surgen situaciones nuevas que podemos llamar demandas. Frente a esto el organismo debe adaptarse mediante cambios internos. Una vez afrontada la demanda, el organismo vuelve a su estado de equilibrio basal. Podemos decir entonces que una demanda específica sumado a los cambios internos experimentados como respuesta a aquella, constituyen el denominado estrés. A modo de ejemplo, veamos lo que le pasa a Raúl:


Raúl tiene siete años. Es el primer día de clases en una escuela nueva, y durante toda la mañana ha creído sentir muchas miradas curiosas sobre sí. Raúl es introvertido, sensitivo y temeroso, de modo que sale a recreo alerta a lo que pueda suceder. De pronto, un grupo de chicos lo rodea, y Raúl siente que el corazón va a escapar de su pecho; sus músculos se tensan, su piel se humedece de sudor y su mente está más alerta que nunca. Al cabo de segundos que parecen ser eternos, uno de los chicos le palmotea el hombro y le dice que lo invitan a jugar. Raúl recobra la serenidad y minutos después se siente plácido y contento: ya tiene un grupo de nuevos amigos.


Desde lo anterior, podemos observar cómo experimenta el estrés internamente un niño o niña. Frente a este, el organismo se prepara para huir, atacar o paralizarse, el niño puede sentir un intenso galope en el corazón, aparece la sudoración, la tensión en los músculos y se activa un alerta de su mente como una especie de luz incandescente que ilumina el cerebro internamente y dificulta la capacidad de discernir cómo actuar.


Hasta los 18 meses de edad, los bebés necesitan confortamiento externo para recuperar y mantener el equilibrio interno. Y es importante que entre los 18 meses y los 5 años los adultos significativos apoyen el proceso madurativo de los niños para lograr una autorregulación emocional, nosotros los adultos somos quienes les ayudarán a descifrar lo que les está ocurriendo y encauzarlo de manera que mantengan el equilibrio.


¿Cómo podemos realizar contención a nuestros niños en aquellas situaciones de estrés? Según Felipe Lecannelier, primero debemos comprender que la expresión del estrés es un proceso normal y natural que nos indica que el niño se encuentra en un estado emocional negativo y que el estrés es un mensaje que el niño/a envía para indicar que se encuentra en un estado que no puede manejar por sí mismo, entonces, los adultos a cargo deben ayudar a poder regularlo. Esto se debe a que los niños y niñas no pueden regularse por sí mismos, debido a que su desarrollo cerebral, social y psicológico no se lo permite aún.

Debemos entonces:

  1. Atender: y observar lo que el/la niño/a está expresando, sobre todo en momentos

de estrés (cuando tiene rabia, pena, miedo, etc). Por ejemplo “estoy contigo, me importa lo que te sucede y sientes”.

  1. Ponerme en el lugar del niño/a: empatizar y pensar ¿Qué estará necesitando? ¿Qué le molesta? ¿Qué está tratando de expresar?. Por ejemplo: “Intento entender lo que sientes, necesitas y quieres”.

  2. Auto mentalización: ¿Qué me pasa con el estrés de los niños que tengo bajo mi

cuidado? ¿Qué siento? ¿Qué me dan ganas de hacer?, empatizar con los niños y pensar ¿Qué es lo que están necesitando?

  1. Regular: Responder y/o calmar de una manera concordante a lo que los niños

expresan o necesitan. Por ejemplo: “te ayudo y enseño a calmarte” “te guío y enseño límites de acuerdo a tu edad y te ofrezco alternativas”.

Y lo siguiente se refiere a la importancia de no enfrentar el estrés del niño/a si estás en estado de descontrol emocional. Si no puedes, pide apoyo.

- No expresar comentarios negativos hacia el niño/a del tipo:

1. Descalificador - “eres un manipulador”.

2. Autorreferente - “me quieres hacer la vida imposible”.

3. Amenazante - “si te portas mal, nadie te va a querer”.

4. Generador de culpa – “por tu culpa tu compañero está llorando”.

5. Irónico – “eres una guagua chica porque estás llorando”.

6. Rechazante – “no quiero verte, no te acerques”.

7. Pedir cosas imposibles – “¿te puedes calmar ahora?!”.

- No imponer modelos de autoridad y disciplina excesiva (no usar el castigo, reto, amenazas innecesarias, etc).

- No provocar más estrés en los niños/as.

- No ser indiferente (no tomar en cuenta al niño que llora, no hablarle, no mirarlo, no tomarlo en brazos, etc).

- No tratar de entrar en razón con un niño estresado (dar y/o pedir explicaciones, pedir autocontrol, etc).



Les invito a tener presente y practicar estas orientaciones y a que nos puedan contar cómo va el proceso.


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