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Autonomía y la importancia de la familia en el proceso

Por Alejandra Plaza Riffo, Técnico de Nivel Superior en Educación Diferencial

y por Mónica Hevia Fredes, Psicóloga


¿Alguna vez te has preguntado qué es la autonomía y cómo desarrollarla en tu hijo con necesidades educativas especiales?

Podemos considerar la autonomía como la capacidad que tiene la persona para desarrollar una vida lo más satisfactoria e independiente posible en los entornos habituales de la comunidad.

Nuestros niños tienen el derecho, y nosotros la obligación, de poner a su servicio los apoyos necesarios, para que dentro de sus posibilidades puedan lograr el máximo de autonomía, que les permita a futuro, ser niños, jóvenes y adultos autovalentes.


Tipos de autonomía para trabajar con los niños y niñas

Es fundamental trabajar la autonomía en niños y niñas desde edades tempranas, y aunque no lo creas, pueden lograr ser autónomos en bastantes tareas de la vida cotidiana.


Autonomía en la regulación de su comportamiento: autocontrol adaptación a las normas y manejo de la frustración, es una de las más difíciles de lograr, pues requiere de maduración de ciertas estructuras cerebrales que aún no están del todo desarrolladas en párvulos. Para esto, te sugerimos desde muy pequeños, comenzar a ponerle nombre a sus emociones, por ejemplo, si ves que se ha frustrado, puedes decirle: “Entiendo que te de RABIA y que te frustres, que te parece si lo solucionamos así…”.


Autonomía física: Se relaciona con las actividades de la vida diaria, como higiene, colaboración, por ejemplo: ayudar a poner la mesa o su espacio de comer, así mismo su área de tareas y orden de sus juguetes, específicamente guardar elementos que el niño o niña haya utilizado. Es importante tener en cuenta que estos procesos no se dan solos, sino que en primera instancia es el adulto quien debe modelar, es decir, mostrar al niño como se realiza una tarea apropiadamente, luego, una vez que el niño ha observado varias veces al adulto realizar dicha tarea, se le puede invitar a hacerla por si mismo con guía del adulto, quien puede ir preguntando qué cosas necesitará y en qué orden hará la tarea y ofrecer guía cuando el niño no sepa como proseguir. Posteriormente pasamos al paso de supervisión, donde el adulto solo observa cómo el niño realiza la tarea de la vida diaria por si mismo, y finalmente a la realización autónoma de la tarea y sin supervisión. No debemos olvidar que el logro de este tipo de autonomía, requiere el desarrollo de funciones ejecutivas, específicamente la planificación y al ser una función más desarrollada a nivel cerebral, toma tiempo en habilitarse totalmente.


Autonomía cognitiva: la mayoría de los niños y niñas funcionan con rutinas, por lo tanto, lo ideal será conseguir que esos hábitos se conviertan en rutinarios. ser capaz de seleccionar la información relevante, autoevaluarse, desarrollar la toma de decisiones, etc. Con una práctica adecuada y paciencia se pueden aprender muchos hábitos. En este sentido, la rutina no es algo inflexible, sino que más bien tiene que ver con establecer rangos horarios para realizar ciertas tareas, que se realizan siempre en un orden similar. Esto le permite al niño poder predecir qué pasará, regular sus ritmos circadianos y a la vez le da estabilidad a su día a día, lo que permitirá tener un niño más tranquilo, que no se sienta ansioso o irritable por no saber qué sucederá en el futuro.


Autonomía emocional: se trata de no verse seriamente afectado por los estímulos del entorno. Esto requiere de una sana autoestima, autoconfianza, percepción de autoeficacia, automotivación, responsabilidad, relaciones sociales etc. En este punto, es fundamental reforzar constantemente la autoestima de nuestros niños, celebrando sus logros y felicitando cuando logran habilidades en las que venían trabajando. Es fundamental para esto, el apoyo de la familia, pero también es importante reconocer el logro real y no celebrar habilidades que ya están establecidas en el niño, con el fin de no entregarle una falsa sensación de logro.


¿Cómo podemos ayudar a nuestros niños a desarrollar la autonomía?

  • Permitir que los niños tomen decisiones ente opciones que le da el adulto y que están previamente aprobadas por él. Por ejemplo: “¿quieres comer pera o manzana de postre?”, “Hoy hace frío, ¿quieres ponerte la chaqueta verde o la rosada?”.

  • Dejar que resuelvan sus problemas básicos: bajarse o subirse de una silla, abrir una llave, abrir un yogur, galletas etc. Por ejemplo, al llegar la hora del postre, presentarle el yogur con la tapa puesta, o cuando va al baño/muda de pañal, dejarlo abrir la llave, fomentar que se seque las manos, que bote su pañal a la basura, etc.

  • Motivarlos a tomar desafíos. Por ejemplo, el adulto debe observar si el niño se encuentra físicamente preparado e invitarlo a realizar actividades distintas, como trepar un tronco de árbol, saltar una zanja, etc.

  • Deja que tus hijos hablen por sí mismos (expresar lo que piensan). Por ejemplo, puedes preguntarle cómo se siente, qué quiere hacer, por qué no le gusta algún alimento.

  • Apoyar el crecimiento y practicar nuevas habilidades con los niños. Por ejemplo, ofrecerle siempre nuevos desafíos.

Te invitamos a desarrollar la autonomía en tus niños, esto fortalecerá su autoestima y les permitirá atreverse a hacer cosas nuevas y aceptar desafíos.




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